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Ser tijuanense

To be a Tijuanan

Roberto Castillo

Roberto Castillo

Mi Tijuana es:

My Tijuana is:

Saber de memoria los baches y los lugares con perros atropellados; esquivar a las motos de los pizzeros que no respetan altos de disco; decir adiós a los altisimos travestis nocturnos de la calla Primera; ir a bailar a Las Pulgas, a La Estrella, o ya de perdis al Terrenazo; subir a un elevador que de pronto se detendrá en cualesquier piso; ver pasar a un "narco" en su carro con los vidrios polarizados; encontrar a una parejita de colegiales que se fueron de pinta al cine; topar con un limpiaventanillas con los brazos picados de heroina; encontrar a dos monjas que parecen volar rumbo al orfanato; admirar a las miles de mujeres que son explotadas en las maquilas. Ver pasar a los universitarios que no leen libros sino puras fotocopieas; dar un vuelta por los swap meets que brotan los fines de semana; observar a los turistas que miran embobados los letreros en espanglish; mirar a los discapacitados tratando de subir a la banqueta o al camión; ver intelectuales e investigadores que tratean de no ensuciarse de vida; darse cuenta de que bibliotecas y librerias siempre están abandonadas; aceptar que es más real una cebra de la "Revu" que un discurso politico; comprobar que los migrantes no son solamente una estadistica más; sentarse en la central camionera y mirar la incontable llegada de personas; darle carrilla a las personas más inocentes como una muestra de cariño. Escuchar una banda ruidosa mientras comes taquitos de mariscos; ir al Cecut y a la Casa de la Cultura pa’ gorriar los vinos baratos; aguantar a las doñas estacionadas en doble fila afuera del kinder; soportar la frialdad de los dependientes en las tiendas Oxxo; comer chop suey y arroz con camarron donde no comen los chinos; tomar cerveza fria y barata en las cantinas de la Zona Norte; ir a la Plaza Río creyendo que es un shopping mall de San Diego; leer en el periódico que ya están disminuyendo las ejecuciones; burlarse de las agrupaciones defensoras de la imagen tijuanense; mirar a una mujer que fácil podría ser reina de la belleza mundial. Escuchar a cientos de hombres que platican con nadie por el celular; admirar a los monos mofleros, las mejores esculturas de la ciudad; tratar de contar cuántas farmacias y oxxos hay en tu camino diario; encontrar un estacionamiento que se más seguro y más barato; ser paciente en las colas para pagar la tenencia, la luz y el teléfono; estar muy al pendiente con los mexicanos que traen placas de California; cuidarse de no atropellar a nadie por la extraña avenida Internacional; ir a comer a un restaurante exótico donde te recibe el valet parking; platicar con el cantinero que ya sabe de antemano lo que vas a beber; saludar a las morritas que caminan por las avenidas del Sol norteño. Recorrer en taxi desde Playas hasta el Maclovio Rojas, de La Gloria a la "Liber" Parte Alta, de Otay city a la 3 de Octubre; escuchar las conversaciones en las calafias rumbo a La Morita, oir las rolas norteñas en las burras y las esquinas del Centro; agarrar cura con "Los hijos de la mañana" y los discursos políticos; aspirar los aromas del Mercado Hidalgo y las calles de la Coahuila; pedir agua de garrafón y los mejores tacos de asada del barrio; sufrir la Via Rapida, el Centro y sus semáforos descoordinados; saber que en el espejo retroviso aparecerá de pronto una patrulla; tirarles piropos a las muchchas de labios de un rojo encendido. Escuchar de lejos a los artistas que se revuelcan en su hedonismo; consolarse yendo al parque Morelos porque no puedes ir al Balboa; buscar en dónde estudian los chinos migrantes que hay en la ciudad; pistear en una terraza de Playas porque no puedes ir a La Jolla; localizar el motel de paso con el nombre más barato y atractivo; comprar cidis en mix up porque no tienes pasaporte para ir a la Tower; esperar que no te toque ser una victima más del secuestro express; visitar a los amigos con la esperanza de que estén en su casa; comprar cidis de Baby Bátiz, los Moonlights y los Rockin’ Devils y gritar a los cuatro puntos cardinales: ¿En Dónde estás, Ginny Silva?

 

 

To know by heart the potholes and places with run-over dogs; to evade pizza-delivery motorcycles who ignore stop signs; to say goodbye to the super-tall nocturnal transvestites of First Street; to go dancing at Las Pulgas, La Estrella, or at least at Terrenazo; to ride up on an elevator that suddenly stops at any floor whatsoever; to see a "narco" pass by in his car with blacked-out windows; to discover a pair of highschoolers playing hookey at the movies; to bump into a windshield cleaner with his arms scarred from heroin; to encounter two nuns who seem to be flying near the orphanage; to admire thousands of women exploited in factories. To see university students go by who don't read books, only photocopies; to take a turn through the swap meets that bloom every weekend; to observe tourists staring amazed at signs in Spanglish; to watch the handicapped trying to climb up on the sidewalks or on the bus; to see intellectuals and academic investigators trying not to get dirty from life; to notice that libraries and bookstores are always empty; to accept that a zebra of Revolution Avenue is more real than a political discourse; to confirm that the migrants are not just another statistic; to sit in the main bus station and watch the uncountable arrivals of people; to give a kiss on the cheek to the most innocent persons as a sign of affection. To listen to the noisy band while eating seafood taquitos; to go to Cecut and the Casa de la Cultura t'guzzle down the free wine; to put up with ladies double-parked outside of kindergartens; to tolerate the coldness of clerks at Oxxo minimarts; to eat chop suey and rice with shrimp where the Chinese never eat; to drink the cold, cheap beer in the Zona Norte bars; to go to Plaza Río believing it is a San Diego shopping mall; to read in the newspaper that now the numbers of executions are diminishing; to make fun of groups defending the image of Tijuana; to gaze at a woman who could easily be a queen of world beauty. To listen to hundreds of men who talk with no one on their cell phones; to admire the muffler-man statues, the best sculpture in the city; to try and count how many pharmacies and Oxxos exist in your daily rounds; to find a parking space that is more secure, and cheaper; to patiently wait in lines to pay taxes, electricity and telephone; to be very preoccupied with Mexicans who drive around with California license plates; to take care not to run over anyone on the weird International Avenue; to go to eat at an exotic restaurant where they give you valet parking; to chat with the barkeeper who already knows beforehand what you are going to drink; to greet the morritas who wander the avenues of Sol norteño. To travel in taxi from Playas to Maclovio Rojas, from La Gloria to "Liber" Upper Zone, from Otay city to 3 de Octubre; to listen to conversations in the minibusses heading toward La Morita, to hear the norteño songs in the big busses and on the corners downtown; to have fun with "los hijos de la mañana" radio show and political talks; to breathe in the smells of Hidalgo Market and the streets of Coahuila; to get water by 5-gallon jug and the best grilled-meat tacos in the neighborhood; to suffer the Fast Road, and downtown with its uncoordinated traffic lights; to know that at any moment a patrol car will appear in the rear-view mirror; to cast compliments to the girls with flaming red lips. To hear from afar the artists wallowing in their hedonism; to console yourself with visiting Morelos Park because you cannot go to Balboa; to search out where the Chinese migrants study in this city; to drink on a terrace at Playas because you cannot go to La Jolla; to find the overnight motel with the cheapest and most attractive name; to buy CDs from the piles at the mix-up store because you don't have a passport to cross over to Tower Records; to hope that it won't fall on your part to become another victim of the kidnapping-express; to visit your friends in hopes they will be home; to buy CDs of Baby Batíz, the Moonlights and the Rockin' Devils and shout to the four cardinal directions: Where are you now, Ginny Silva?






Translation: Daniel Charles Thomas
(with suggestions by el Rober de Playas)








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