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El borlote del parque –

Juan Carlos Dominguez

translated by Daniel Charles Thomas

 

Y el sueño costó 300 dolares.

Luego entonces, no cualquiera puede soñar. Por lo menos no con la Tijuana linda, de pura gente bonita, sin violencia, sin narcos y sin pobreza.

Como los cientos que no pudieron entrar a cantarle las mañanitas a Tijuana en su 116 aniversario y que tuvieron que conformarse con ver el desfile de gente bien en el Parque Teniente Guerrero, que de refugio de viejos residentes, recién llegados, familias sin muchos recursos o desempleados, se vio convertido en un exclusivo lugar de oropel, sedas y pieles.

Era el atardecer y los niños y padres que disfrutaban su esparcimiento dominical, vieron interrumpida su alegría cuando, cual si fueran delincuentes, fueron "invitados" a abandonar el parque porque "hoy habrá un evento privado".

Tras el listón amarillo que acordonó todo el área, chiquillos y chiquillas, ancianos, parejitas, vendedores, indigentes y hasta perros, fueron convidados a hacerse a un ladito.

Y los pasillos de cemento, de la basura y los escupitajos de todos los días, de un de repente se vieron convertidos en alfombras rojas iluminadas con foquitos como de Navidad y hermosas edecanes franqueando el camino.

"¡No manches!"

Cuando empezó el desfile de carros lujosos por el valet parking en que se convertió la Calle Cuarta, los desarraigados del parque hasta entonces comprendieron la magnitud del festejo: "Puro ricachón...", "Ese Mercedes vale 300 mil dolares, ¡no manches!"

Y entonces nació la indignación. Los pobres no tenían derecho, no esa noche, al jolgorio en homenaje a Tijuana.

"¿Por qué están cobrando? Eso no dijeron. Vinimos a cantar las mañanitas y aquí estamos como mensos", expresaba incrédula una señora ante la mirada indiferente los policías.

"Al hacer eso le están dando prioridad a la gente rica, como si ellos se preocuparan mucho por el parque", decía un tipo de forma algo mesurada.

Una viejita acompañada de cuatro niñas todovía procuraba, ingenuamente, convencer a un típico anodino agente de seguridad que la dejara entrar.

Una pareja le preguntó a un miembro del ICAP: "Sí es particular el evento, ¿no?", y como toda respuesta recibieron un parco: "Disculpe... no sabría decirle".

Como buenos mexicanos, el coraje igual se traducía en burlas y guasa. Cuando una camioneta van pasó frente a la gente, desentonando con las Land Cruiser, los Cadillac, las Hummer y Mini Cooper, un gracioso dijo: "Ese carro está muy feo, no lo dejen entrar".

Al paso de una dama elgante que llegó a pie, alguien comentó: "Esa vieja llegó tarde, pero es de la alta sociedad".

Las risas no se hicieron esperar cuando el carrito de hot dogs fue retirado todavía mas allá de la calle, no fuera que el olor del tocino asqueara a los comensales de gala.

"No nos dejaron entrar, pero cómo nos estamos divertiendo", comentaba una morra de la Libertad, "Qué nos queda, más que reírnos", le respondió la madre.

Y la gente, a todas luces creyendo que el festejo sería como todos los años, es decir, populachero, seguía llegando. Esperaban el tamborazo, los grupos cumbieros y a Javier Bátiz. Pero se topaban con los acordes de musica clásica con los que se recibía a los que sí estaban invitados.

Una doña tramaba: "Vámanos a la gasolinera, de allá podemos ver algo".

"De todos modos vamos a alcanzar a oír... se va oír... se va oír" se consolaba otra.

La llegada de una panel blanca de lujo, alborotó a la gente. Era el Alcalde Jorge Hank Rhon al volante. Por un momento, los corajes se olvidaron y la reacción fue como la de los niños que esperaban al papá con ilusión. Aplausos y hurras se dejaron escuchar. Hasta que un "aguafiestas" los volvió a bajar al piso: "¡Pa’ qué aplauden, si no nos dejó entrar!..."

Adentro, la elegante concurrencia empezaba a inspeccionar el menú por el que pagaron más de tres mil pesos. Afuera, una madre de su familia le gritaba hasta de lo que se le iba a morir, al vendedor que provechosamente estaba dando a 12 pesos los hot dogs anunciados a 10.

Adentro, un Jorge Hank feliz daba declaraciones a la prensa: "Los festejos de la ciudad tienen saldo blanco, y eso es lo que buscamos. Sí, a lo mejor a veces causamos incomodidad, pero básicamente nos interesa la seguridad".

Y vaya que la seguridad estaba garantizada. Decenas de policías rodeaban las calles del parque. No serían los raterillos los que empañaran la algarabía de esa noche de ensueño.

La televisión le referiía al Presidente Municipal la muerte de cinco niños quemados precisamente esa misma madrugada. Por un lado el festejo, por el otro la alegría, le infirió la reportera. "Sí, es una tristeza, ¿no?, pero qué puedes hacer, qué puedes hacer para que no haya incendios en una casa...".

Mientras que la señora de Hank, bellamente vestida con diseño Oscar de la Renta, declaraba: "Hoy es un día importante para Tijuana. Aquí afuera al pasar la gente grita, tienen mucha sensibilidad, están felices porque de alguna manera van a festejar".

Los Fimbres, L.A. Cetto, el Obispo Romo, los Astiazarán, funcionarios de todos los niveles, directores de periódicos y hasta dos reporteras, seguían desfilando por la alfombra roja, con sonrisas para las cámaras y besos y abrazos para todo el que se pudiera: "Hoy todos somos gente bien". Es más, ni necesitamos parecernos a San Diego.

Mousse de Salmón

La Familia Hank, como todos los presentes, empezaba a saborear el menú: Mousse de salmón, canelón relleno de espinacas con queso feta, ensalada de lechuga enana con aderezo de cilantro, filete gratinado en salsa de tomatillo. La gente de la calle, tambén podía darse con banquetazo con hot dogs y hamburguesas, y si el bolsillo lo permitía, ahí en frente estaba la ceneduría con huaraches, tostadas, tacos y sopes.

Ramón Nava y Nava, un señor de edad avanzada que dice ha traído importantes libros a vender a Tijuana, y ahora también de los relegados, declaraba a ZETA: "Este menú que van a dar hoy, tal vez sea comida exótica y es un insulto a la pobreza. Hoy tragarán como marranos y beberán como cosacos, pero estos ricos vulgares se van a morir de una indigestión, y no se van a llevar nada".

Adentro, los meseros no se daban abasto atendiendo las mesas bien acomodadas que, al cabo los árboles que estorbaban, ya habían sido arrancados. Los principales invitados, cerca del escenario; y la mesas de funcionarios menores, reporteros y edecanes hasta el fondo, con vista panorámica a los consultorios de la Calle Cuarta. Abusados algunos, como los del Centro Médico de Pies, que en sus terrazas colocaron sillas y hasta velas para disfrutar el show desde los palcos.

"¡Acuérdate de ‘El gatito’!"

El sarcasmo, el humor, el enojo y hasta la mera chorcha, permeaban los ánimos de la gente que se había quedado fuera: "¡Cuánto cuesta traer a cada músico de Roma, cuánto van a comer...!", "De perdida a los niños sí déjenlos entrar, que ellos no comen como los grandes...!", "¡Mira... mira!, llegó la chica dorad!", "¡A ver, Paulina Rubio!, ¿dónde está?...", "Esta es una ofensa, es como sacarte de tu casa. Tengo 15 años viniendo al parque. Por eso, ¡arriba el ‘Peje!...", "¡Hasta carrozas, llegan, ¿quién se está muriendo? Hasta SEMEFO va a llegar...", "Le voy a gritar a Hank: ‘Acuérdate del gatito que mataste...!’", "¿Por qué nos privatizan los parques? Nos tienen aquí como si tuviéramos garrapatas...".

Un poco de ilusión y los ruegos por entar a la fiesta, se intensificaron al arribo del delegado de la Zona Centro, Alberto L. Rodríguez, que malhaya su suerte, porque al bajarse del auto tuvo que soportar al pueblo. Él y una dama que lo acompañaba, duró media hora convenciendo a la gente de que fueran a festejar a otra parte. Los mandaban al Parque Independencia, al 18 de Marzo, al Fundadores: "Vayanse para allá, a la Torre, está más suave", les decía el funcionario. "¡En la torre nos están dando!", rezongaba acertadamente un tipo.

El grito de un periodista

Entonces, un enfurecido ex reportero de espectáculos y viejo residente de la ciudad, gritaba colérico: "¡Esto nos pasa por votar por un asesino!"

Pediches como somos los mexicanos, hasta condiciones ponían con tal de retirarse: "Pues que saquen un camión y nos lleve pa’llá". Y en eso que llega el conjunto musical Los Tenientes, en una camioneta parecida a una calafia: "¡Miren, a ellos sí los pasean, ¿por qué a nosotros no?!"

Los humiliados y ofendidos renegaban con el delegado el por qué los ricos festejaban en su parque, si para ellos estaba el Campestre, mientras una adolescente fresita fingía demencia: "¿Están hablando de nosotros?...". Y los funcionarios priístas continuaban con la labor de convencimento: "Váyanse al Fundadores, allá van a oír música de banda... banda pero en forma", "Váyanse para allá, allá está bonito, al rato yo voy para allá", prometía Rodríguez hipócritamente y ansioso por entrar a celebrar con su gente. La dama que lo acompañaba se puso sentimental: "Están cobrando porque todo el dinero irá para el DIF. Ojalá mis hijos nunca tengan necesidad del DIF, nadie estamos exentos de necesitarlo".

Desilusionada familia Nava

Ya se escuchaba la voz de la maestra de ceremonias y, ansioso, el delegado escuchaba a una doña que aprovechaba la situación para exponerle un problema ciudadano; escuchaba a fuerza con un pie casi adentro de la fiesta, las adolescentes que lo acompañaban sonreían burlonas, el de los hot dogs hacía su agosto, la Orquesta de Baja California (OBC) empezaba a tocar. Y por fin, cuando el delegado del Centro convenció a los quejosos de que se fueran a otra parte, el muy atrevido intentó hacer lo mismo con el reportero de ZETA: "Vaya al Fundadores, allá está muy bonito".

"Esta es la cuota de libertad que hay que pagar", habría dicho a este semenario un músico de la OBC después de un concierto difícil donde los cultos y elegantes invitados, poca atención pusieron a sus acordes porque, lo más importante esa noche, era convivir y platicar en la Tijuana de pura gente bonita.

Afuera, comiendo elotes cuyos granos se les atragantaban por el enojo, la familia Nava veía otra Tijuana, la de la vida real: "Esto es una farsa... El parque no es de ellos, veníamos a festejar y estamos aquí comiendo hot dogs... se nos hace humillante", "Toda mi vida estudiando la historia de Baja California y para qué. ¿Para qué tantos anuncios en el Canal 12 de que viniéramos a festejar?". Incluso el pequeño de la familia Nava, quien ha ganado concursos de conocimientos de historia en un programa de Televisa, "...ahora se topa con eso, que no puede festejar a su ciudad".

"¿Cuánto falta para las doce?"

Sobria y a media luz, la fiesta al interior seguía y la esperada medianoche se acercaba. Hubo que interrumpir el programa de los 100 músicos de la Banda Musical de la Policía del Estado de Roma: "¿Cuánto falta para las doce?" preguntaba el Alcade Hank Rhon al subir al estrado para hacer un recuento de las mejoras al Parque Teniente Guerrero y perfilar su futuro: "Al menos a nosotros nos va a tocar el 117 y el 118 aniversario, y también los vamos a hacer aquí. "A ver, fíjate en el Nextel si ya son las doce, es que ese está por satélite...", "Faltan tres minutos", le respondieron por ahí. "Pues que pongan una canción"... y que se arrancan Los Tenientes de Tijuana. Enseguida vino el tronadero y espectáculo: Fuegos pirotécnicos.

Entonces, sí, la pareja Hank pasó al momento cumbre de la noche, al entonar "Las Mañanitas" acompañada de un coro desganado de los cientos de invitados. Acto sequido, vino el Himno Nacional Mexicano. Lo ejecutó la Banda Musical del Estado Italiano que, momentos antes, entró sobre la cada vez más usada alfombra roja. Respetuosamente, todos escucharon de pie, incluyendo al Alcalde y pareja, pero volvieron a tomar asiento cuando empezó a entonarse el Himno Nacional Italiano. Alguien les dijo al oído que también es prudente escuchar de pie los himnos de otros países.

Enseguida, el corte del pastel. Invitado especial para cortarlo, el señor Obispo de Tijuana, Rafael Romo Muñoz.

La banda continuó con su repertorio por una hora más. Se incluyó el recital de la soprano Cheryl Porter que, merecidamente, fue la sensación.

Para cerar la velada, la Orquesta de Baja California. Su director, Ángel Romero, en varias ocasiones lamentó la mala calidad del audio. Mientras la noche de gala venía a su fin y las calles de alrededor ya lucían desiertas, los inconformes que no pudieron entrar, ya dormitaban en sus camas, esperando otro amanercer en la otra Tijuana, la de a de veras, esa que no es posible comprar. No si no se tienen 300 dólares en la bolsa.

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(Colaboró en esta información: Tania navarro)

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The uproar of the park . 




And the dream cost 300 dollars.

But then, not just anyone can dream. At least, not with the lovely Tijuana, of only beautiful people, without violence, without druglords and without poverty.

Like the hundreds who could not get in to sing Happy Birthday to Tijuana on its 116th anniversary who had to content themselves seeing a parade of the better people in Teniente Guerrero Park, which, from the refuge of old residents or recently arrived, of families without many resources or the unemployed, was now converted into an exclusive zone of tinsel, silk and fur.

It was towards sunset and the children and parents who were enjoying their Sunday pastime saw their happiness interrupted, as if they were petty criminals, when they were "invited" to leave the park, because "today there will be a private event."

Beyond the yellow ribbon that cordoned off the whole area, the little children, elders, young couples, vendors, indigents and even stray dogs, were induced to move aside.

And the cement pathways were suddenly seen converted from everyday trash and spittle into red carpets illuminated as if with little Christmas lights where beautiful usherettes went clearing the way.

"Don’t stain it!" 

As a parade of luxury cars began to arrive at the valet parking zone to which Fourth Street had been converted, the people expelled from the park now began to comprehend the magnitude of the feast: "Totally big-rich...," "That Mercedes is worth 300 thousand dollars, don’t stain it!"

And then the indignation was born. The poor had no rights, not tonight, to celebrate in honor of Tijuana.

"Why are they charging a fee? They didn’t say that. We came to sing las mañanitas (the Mexican birthday song) and here we are like idiots," one lady expressed, incredulous before an indifferent police gaze.

"By doing this they are giving priority to rich people, as if they ever worry much about the park," said one, in a circumspect manner.

An old lady accompanied by four little girls was still trying, ingenuously, to convince a typically useless security agent that he should let her go in.

A couple asked a member of ICAP: "The event is special, no?" and like every answer, they received a terse, "I am sorry, I would not know to tell you."

Like good Mexicans, the anger equally was translated into jokes and ridicule. When a panel van passed in front of the crowd, completely out of tune from the Land Cruisers, Cadillacs, Hummers and MiniCoopers, one wag said, "That car is too ugly, they won’t let him in."

With the passage of an elegant lady who arrived on foot, someone commented: "This old one is getting here late, but she is high society."

The laughter could not be held back when the hot-dog cart was moved still farther back from the street, so that the odor of bacon would not disgust the guests at the gala.

"They won’t let us in, but we are still enjoying ourselves," commented a lip-painted girl from Libertad, "We’re going to stay, more to laugh," her mother answered.

And the common people kept arriving, by all lights believing the festival would be like every year, that is to say, a popular, open party. They were hoping for tambor music, cumba bands, and Javier Bátiz. But they ran up against the strains of classical music with which the truly invited ones were received.

One lady plotted, "Let’s go over to the gas-station on the corner, from there we can see something."

"We can still get to hear something... to hear something... to hear something" another consoled herself.

The arrival of a white luxury van stirred up the poeple. It was Mayor Jorge Hank Rhon in full flight. For a moment, all anger was forgotten and the reaction was like children who wait, dreaming, for their father. Applause and hurrahs were heard. Until a shout of "aguafiestas" turned the tide down again: "Why d’ya applaud if they they won’t let us in!"

Inside, the elegant concourse began to inspect the menu for which they paid more than three thousand pesos. Outside, a mother with her family was screaming, as if she were going to die, at the vendor who advantageously was selling hot-dogs at twelve pesos instead of the previously annnounced ten.

Inside, a happy Jorge Hank was declaring to the press: "The festivals in the city have a balanced target, and this is what we sought. yes, perhaps sometimes we cause inconvenience, but basically, we are interested in security."

And how the security was guaranteed. Dozens of police circled the streets around the park. It would not be the petty pickpockets who tarnished the hubbub of that dreamy night.

Television referred to the Municipal President about the five children killed by fire precisely that same morning. On one side the party, on the other the happiness, the reporter inferred to him. "Yes, it is sad, no? But what can you do, what can you do so that there are no fires in houses?"

Meanwhile, Mrs. Hank, beatifully dressed in an Oscar de la Renta design, was declaring: "Today is an important day for Tijuana. Here, outside, the people are passing by, shouting, with great feeling, happy because one way or another they are going to celebrate."

The Fimbres family, L.A.Cetto, the Bishop Romo, the Astiazarán, officials from every level, directors of newspapers and even two reporters, continued parading up the red carpet, with smiles for the cameras and kisses and hugs for everyone they could reach. "Today we are all good people." Or, what is more, we do not need to look like San Diego.

Salmon Mousse

The Hank family, like everyone else present, began to savor the menu: Salmon mousse, canelli stuffed with spinach and feta cheese, dwarf-lettuce salad with cilantro dressing, fillet roasted with tomatillo sauce. The people of the street could also give a banquet with hot-dogs and hamburgers, and if the purse would permit, there across the street was the eatery with huaraches, tostadas, tacos and sopes.

Ramón Nava y Nava, a man of advanced age who says he has brought important books to sell in Tijuana, and now also among the exiles, declared to ZETA: "This menu that they are going to serve tonight, perhaps is exotic food and is an insult to the poverty. Today they swallow like swine and drink like Cossacks, but these vulgar rich are going to die of indigestion, and not take anything with them."

Within, the waiters did not quite have everything they needed to serve the well spread-out tables which, although the trees that hindered had now been ripped out. The principal guests sat close to the stage; then the tables of minor officials, reporters, and attendants into the depths, with a panoramic view of the medical offices on Fourth Street. Some of the abused, like those of the Medical Foot Center, even put up chairs and candles to enjoy the show from the bleachers.

Remember the ‘Gatito’!

Sarcasm, humor, anger, even simple chatter permeated the spirits of the people who had been left out: "How much does it cost to bring each musician from Rome, how much are they going to eat...!" "What’s to lose letting the children go in, they don’t eat as much as adults...!" "Look... look! The golden girl has arrived!" "Look, Paula Rubio! Where is she?" "This is an offense, it is like throwing you out of your house. I have come to this park for 15 years. Because of this, up with the Peje!" "Even hearses are coming – who is dying? Even the city morgue bosses are coming..." "I’m going to shout at Hank: ‘Remember the Gatito whom you killed!" "Why are they privatizing our parks? They’ve got us out here as if we were infested with ticks..."

A bit of ilusion and the pleas to enter the festival intensified on the arrival of the Downtown Zone city council delegate, Alberto L. Rodríguez, who cursed his luck, because getting down from the car he had to put up with the people. He and a lady who accompanied him spent half an hour convincing people to go party at another site. He recommended them to Independence Park, to the 18 de Marzo, to Fundadores: "Go over there, to the old Tower, it’s much better," the functionary told them. "They’re giving it to us in the tower," one type muttered, circumspectly.

The shout of a newspaperman

Then, a furious ex-reporter of spectacles and old resident of the city, shouted angrily: "This is what we get for voting for an assassin!"

Pleaders as we Mexicans all are, these even put conditions on which to retire: "Well, pull out a bus and take us over there." And at that moment the musical group Los Tenientes arrived in a minibus very like a calafia: "Look, they get in, but why not us?!"

The humiliated and offended ones apostatized with the delegate over why the rich were partying in their park, if they had the country club, while an adolescent fresita (little strawberry) pretended dementia: "Are they talking about us?" And the priísta functionaries continued to struggle to convince them: "Go to Fundadores, they’re going to hear banda music there, banda but in style" – "Go there, it’s beautiful there, after a while I am going there," Rodríguez hipocritically promised, anxious to enter and celebrate with his people. The lady who accompanied him turned sentimental: "They are charging because all the money will go for DIF. Hopefully my children will never need DIF, but none of us are exempt from needing it.

Disilusioned Nava family

Now the voice of the mistress of ceremonies could be heard, and, anxious, the delegate listened to a lady who took advantage of the situation to expound a civic problem to him; he was listening by dint of one foot almost inside the party, the adolescents who accompanied him were smiling rogueishly, the hot-dog man was making his fortune, the Orchestra of Baja California (OBC) began to play. At last, when the delegate for Downtown convinced the complainers to go somewhere else, he very daringly tried the same with the ZETA reporter: "Go to Fundadores, it’s very lovely there."

"This is the price which must be paid for liberty," a musician from the OBC will say to this newspaper after a difficult concert, where the cultured and elegant guests paid little attention to the musical strains, because the most important thing that night was to be together and chat in the Tijuana of purely beautiful people.

Outside, eating ears of corn whose grains caught in their throats from anger, the Nava family saw a different Tijuana, that of real life: "This is a farce... the park does not belong to them, we came to celebrate and here we are eating hot-dogs... they are humiliating us." – "All my life I have studied the history of Baja California, and for what? Why all those announcements on Channel 12 that we come and celebrate?" Even the youngest of the Nava family, who has won history-knowledge contests on a Televisa program, "...now we run into this, that one cannot celebrate one’s own city?"

"How much longer until it’s twelve?"

Temperate and at middle-light, the festival within continued as the waited-for midnight drew near. The program of the 100 musicians of the State of Rome Police band had to be interrupted. "How much longer until it’s twelve?" – Mayor Hank Rhon asked, climbing up on the stage to speak about the improvements to Teniente Guerrero Park and profile its future. "At least to us it shall fall the 117th and 118th anniversary, and we are also going to hold that here. Tell me, check on Nextel if it’s twelve yet, it’s just that that time is by satellite..." – "There lacks three minutes," he was answered. "Well, let’s have a song..." and the Tenientes de Tijuana were pulled up. Then came the intonation and spectacle: pyrotechnic fireworks.

So, yes, the Hank couple passed the peak moment of the night, intoning "Las Mañanitas" accompanied by a reluctant choir of the hundreds of guests. Next act: came the the Mexican National Anthem. It was executed by the Musical Band of the Italian State, which, moments earlier, entered over the repeatedly more-used red carpet. Respectfully, everyone stood on their feet, including the Mayor and his wife, but they turned to sit when the band began to intone the Italian National Anthem. Someone whispered in their ear that it is prudent to remain on your feet during the anthems of other countries.

Next, the cutting of the cake. Special guest to cut it, the Bishop of Tijuana, Rafael Romo Muñoz.

The band continued with its repertory for another hour. This included a recital by the soprano Cheryl Porter who, most deservedly, was quite a sensation.

To close the watch, the Orchestra of Baja California. Its director, Ángel Romero, on various occasions lamented the poor quality of the audio. While the gala night came to its close and the nearby streets already shone in emptiness, the unconforming ones who could not get in now slept in their beds, awaiting another dawn in the other Tijuana, that one of truth, that which it is impossible to buy. Not if you don’t have 300 dollars in pocket.

 

 

 

 

 

 

 

 


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